Da igual la edad que tengan, hay veces en que los hijos e hijas tienen la capacidad de hacer que perdamos los nervios.
En ocasiones lo hacen sin querer, pero otras veces lo hacen a propósito.
Perder los papeles y gritar no suele ser la mejor solución en estas situaciones; pero entonces, ¿cual es el mejor modo de no perder la calma?

Hemos encontrado una lista de diez sugerencias para mantener la calma en estos casos, en el libro “Educar a tus hijos” de Helen Brown, y hemos querido compartirla con vosotros y vosotras:

Educar a tus hijos Helen Brown

Educar a tus hijos
Helen Brown

Usad una voz grave
Cuando nos enfadamos, nuestra voz tiende a ser aguda y estridente lo que no ayuda a transmitir autoridad. La voz clara, firme y grave es más eficaz y multiplica la sensación de autoridad y control de la situación.

Contad hasta diez
A veces los hijos e hijas pueden hacer que perdamos los nervios. Antes de que eso ocurra, podemos lanzar un aviso y darles el tiempo que tardamos en contar hasta diez para que hagan lo que se les ha pedido.

No preocuparse por las cosas sin importancia
No es cuestión de consentirles todo, pero a veces reaccionamos de forma desmedida ante algunas cosas. Hay que guardar la energía para las situaciones que realmente importan.

Planificad bien los tiempos
A veces vamos a contrarreloj y los hijos e hijas no facilitan que podamos hacer las cosas o llegar a algún sitio a tiempo. Prever el doble de tiempo del que creemos que vamos a necesitar ayudará a que podamos gestionar con calma todos los contratiempos.

Daos un respiro
Si llega un momento en el que sentimos que vamos a estallar, lo mejor es salir de la habitación y desahogarnos expulsando la rabia lejos de nuestros hijos e hijas. Luego podremos volver y lidiar con el problema con mayor tranquilidad.

Explicadles lo que esperáis de ellos y ellas
Se trata de prever las situaciones que pueden poner a prueba nuestra paciencia y establecer una normas básicas bien claras.

Recordad la edad que tienen
Debemos comprobar que nuestras expectativas sobre su comportamiento son realistas y acordes a su edad.

Decid cómo os sentís
Estar enfadado o enfadado no es malo y está bien que les digamos que lo estamos. De hecho es mejor que dejar que nuestro enfado se infle hasta que estallemos de verdad. Lo más acertado es dejarles claro qué es lo que nos molesta y por qué.

Decid sí (con astucia)
Ser hábiles y positivos o positivas con las palabras ayuda mucho. Decir “sí, podrás salir cuando hayas terminado de ordenar tu cuarto” es más eficaz que un rotundo “no, no puedes salir”.

Mirad la parte graciosa
En ocasiones conviene ver la parte graciosa de la situación y añadirla a la lista de anécdotas familiares.

¿Qué os han parecido estas sugerencias? ¿Son prácticas y útiles? ¿Habéis puesto en práctica alguna? ¿Cuales son las tácticas que utilizáis vosotros y vosotras? ¿Algún truco que queráis compartir con los demás padres y madres?