En los últimos años ha proliferado en Euskadi un fenómeno de ocio alternativo entre la juventud, que consiste en habilitar locales comerciales y darles un uso social y recreativo. El Observatorio Vasco de la Juventud en su informe “Lonjas y locales juveniles en la CAPV” recoge el dato de que unos 62.000 jóvenes tienen una lonja o un local en Euskadi.

Esta realidad ha surgido ante la necesidad de disponer de espacios alternativos de socialización y encuentro entre grupos de jóvenes que tradicionalmente han compartido su tiempo en espacios y locales públicos.
Las lonjas podrían surgir como alternativa a las prohibiciones contra el “botellón” o como una alternativa más barata al ocio en espacios públicos. Sea como fuere, las lonjas cubren la necesidad de relacionarse, de ser parte de algo sin la mediación de la familia, de buscar un mínimo de autonomía.
Este fenómeno ha resultado positivo y pacífico en la mayoría de los casos.

Aunque la población adulta observa con temor este fenómeno, al no poder controlar lo que ocurre al otro lado de la puerta, según un estudio del Instituto de Drogodependencias de la Universidad de Deusto, alquilar estos espacios resulta beneficioso para las y los jóvenes porque les ayuda a madurar al obligarles a adoptar una serie de responsabilidades y a participar en la toma de decisiones, y ademas, refuerza sus lazos sociales.
Los y las jóvenes que comparten un espacio común se comprometen a cumplir una serie de obligaciones similares a las que se deben afrontar en la edad adulta: pagar el alquiler mensual, mantener el local limpio y ordenado o respetar al vecindario.
Asumir estas responsabilidades les ayuda a dejar atrás su etapa más juvenil e ir adoptando unos roles más maduros y unas habilidades sociales que les servirán en el futuro.

No obstante, a nadie se le escapa que uno de los usos que la juventud da a estos espacios, generalmente los fines de semana, es poder consumir alcohol y otras drogas lejos de las miradas de la gente, y eso es lo que precisamente preocupa a madres y padres.

A esto habría que añadirle que en algunas ocasiones, estos locales plantean problemas con la vecindad por los horarios, los ruidos, la ocupación de espacios comunes, la limpieza,… pero también preocupa el hecho de que algunos locales carecen de las condiciones mínimas y adecuadas de seguridad y salubridad.

Para dar respuesta a estos problemas, el Ararteko ha presentado recientemente un documento para la reflexión sobre los locales de jóvenes donde propone una serie de recomendaciones para dar respuesta a los problemas detectados y emplaza a los ayuntamientos a elaborar planes de inspecciones de los locales que incluyan un inventario de los mismos y directrices relacionadas con los requisitos de seguridad y del medio ambiente.